Descripción
Un nuevo orden político se ha propuesto borrar la memoria de un lugar porque representa “valores” ajenos a su ideología. Alguien decide recuperar esa presencia, devolverle al espacio donde vive el valor que siempre tuvo, y a eso dedica todo su tiempo y los últimos años de su vida. Marca de agua elabora, desde el recuerdo, una reflexión crítica sobre el presente: la relación entre el hombre y el tiempo, lo colectivo y lo personal, la memoria y el olvido. La percepción temporal tiene que ver aquí con las maneras en que nuestra conciencia procesa el entorno. La problematización del tiempo implica también la problematización del espacio, tanto en la tragedia del protagonista como en la forma misma de la narración, donde el deseo de unir lo interior con lo exterior confluye con la ilusión de superar la discontinuidad que caracteriza la existencia humana. En este relato acerca de la finitud-vida y la finitud microcosmo, lo esencial es el descubrimiento de lo vano que resultan algunos esfuerzos del hombre para entender que vida y amor son algo efímero, y para descubrir la “sensación de goce que le provocaba lo que podía parecer apocalíptico”.

Atilio Caballero nació en Cienfuegos, Cuba, en 1959. Es director del grupo Teatro de La Fortaleza y máster en Dirección Escénica. Ha publicado, entre otras, las novelas Naturaleza muerta con abejas y La máquina de Bukowski, así como los libros de relatos El azar y la cuerda y Tarántula; los libros de poesía La arena de las plazas y El olor del césped recién cortado. Recibió el Premio Alejo Carpentier de Cuento 2013 por su libro Rosso Lombardo, así como el Premio Fundación de la Ciudad de Matanzas 2017, de Teatro, por la obra Zona. En el año 2020 recibió nuevamente el Premio Alejo Carpentier de Cuento por su libro La maleta de B, y en 2021 el Premio Milanés de Teatro por la pieza Todo lo sólido se desvanece en París.








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