Escribí “Resplandece” porque somos una generación dolida con el presente. Tal vez, porque tenemos un ego muy marcado por importantes procesos creativos en el arte. Quienes nacimos a fines de los ’50, en los ’60 y en parte de los ’70, hemos presenciado el surgimiento de lo que consideramos la mejor literatura, el mejor cine, la mejor música. Hemos disfrutado en nuestra adolescencia, en nuestra juventud, de un arte que hablaba de un mundo que podía cambiar un status quo salvaje. Era un arte crítico que avanzaba a pasos agigantados con inteligencia, ironía, sensibilidad. Los escritores modificaron la manera de decir y crearon mundos alucinantes, los cineastas revolucionaron las pantallas, las bandas enriquecieron con exquisitez la música popular del planeta.
Dentro de mí anidaba la necesidad de narrar una historia que hablara de todo lo que acabo de mencionar, sin traicionar mis formas de escritura. Siempre espero que mis lectores se entretengan, se emocionen y puedan reflexionar preguntándose, como lo hago yo, acerca de los temas de hoy. Porque si no escribimos acerca de lo que nos conmueve, de nada sirve escribir.
“Resplandece” nació como todos mis textos. Las primeras ideas, los primeros personajes, juegan en mi cabeza durante meses y, recién cuando tengo definida la estructura, me siento a escribirla. Me divertí mucho escribiéndola, desde el 2022 hasta hace pocos meses, si incluimos correcciones varias y retoques formales.
“Resplandece” es un intento de novela onírica que acepta el desafío de unificar distintos géneros, porque uno se formó con la idea de que tanto la vida como la literatura no deben estar etiquetadas como pertenecientes a un género. Sus recorridos siempre nos sumergen en momentos que cubren un arco que va desde lo realista hasta lo fantástico. El enorme desafío como autor es lograr que la historia transcurra de manera natural. Los personajes de “Resplandece” no son personas, porque si no estaríamos hablando de biografía y no de literatura de ficción. Aunque no hay que descartar la idea de que estos personajes trazan una metáfora que representa a una generación que está viendo morir un mundo sin alcanzar a comprender eso nuevo que está surgiendo. De hecho, Ripold, el protagonista, vive un episodio en el cual intenta salvar de lo que viene todas esas cosas que considera importantes, como sus libros, por ejemplo. Y tanto él como sus amigos están convencidos de seguir viviendo como saben.
Es una historia donde aparecen muchas preguntas y algunas se van respondiendo en el recorrido de sus páginas.
Los vertiginosos cambios tecnológicos le fueron dando otro lugar a los contenidos, dejando la impresión de que el mundo terminó, aunque a nosotros nos queda sostener con dignidad la tarea de recrear lo creado fingiendo absoluta originalidad.
Raúl Astorga nació en Rosario en 1964. Es Técnico Superior en Periodismo. Su cuento Centro Cultural, buenas tardes recibió el Primer Premio del Certamen Las nueve musas ediciones 2019. Novelas: Siempre nos quedará Rosario (Rosaringlish Ediciones, 2020), El leberwürst de tres puntas (en coautoría con 8 escritoras y escritores más. 2023). Relatos: Tontas ficciones de amor. Publica con frecuencia contratapas en el diario Rosario/12 (suplemento rosarino de Página/12).




